El empleo del calor se remonta a tiempos primitivos. Históricamente, el calor ha sido un remedio natural utilizado para aliviar el dolor y mejorar el proceso de recuperación.

En la actualidad, la aplicación del calor se realiza mediante modernos aparatos y técnicas con claras implicaciones terapéuticas y el procedimiento es conocido como Termoterapia.

Esta técnica terapéutica consiste, entonces, en la aplicación de calor sobre el organismo por medio de cuerpos materiales de temperatura elevada, por encima de los niveles fisiológicos.

Para que un agente térmico se considere caliente debe estar entre los 34° y 36° C como mínimo y el límite superior está fijado con respecto a la sensibilidad cutánea y no debe sobrepasar los 58° C.

Una disminución o aumento de la temperatura produce una excitación de las terminaciones nerviosas cutáneas, activando o disminuyendo la circulación en las zonas tratadas, consiguiéndose de este modo el efecto terapéutico buscado.